MARÍA DE LOS ÁNGELES ORTIZ HERNÁNDEZ

Es un honor compartir algunos de los logros de María de los Ángeles Ortiz Hernández, los cuales no solo pasan por la proeza deportiva, sino que se van transformando en elementos de inspiración para la vida cotidiana y para miles de personas que, a partir de este esfuerzo, enfocan su energía de manera proactiva.

Porque María de los Ángeles además de ser tricampeona panamericana en lanzamiento de bala, tricampeona mundial, subcampeona en Juegos Paralímpicos de Beijing, multirecordista y plusmarquista mundial, su empeño en la superación y en la búsqueda de una sociedad participativa e incluyente es continuo y tenaz.

XÑ: María de los Ángeles, ¿cómo comenzó esta historia de éxitos?

MAOH: Soñaba con graduarme, casarme, tener tres hijas y llevar una vida tranquila. Llevo el deporte en la sangre, mi padre fue beisbolista. Yo a los ocho años ya amaba el deporte y mis primeros amores fueron mis patines, una bicicleta, un balón y mi bala. Crecí en el campo y en la pista de atletismo del Estadio Olímpico de Villahermosa, Tabasco.

XÑ: ¿Qué te llevó al atletismo y cómo el deporte rescató tu vida?

MAOH: Entreno desde los ocho años. Tomé una bala, la lancé y me sentí realizada; supe entonces que la bala y yo estábamos conectadas. Mis entrenadores fueron Ernesto Espinoza, Javier Alamina (QEPD) y el profesor Cachon. Lancé durante nueve años, era la campeona de zona. Dejé de lanzar a los 17 años, llegué al Puerto de Veracruz a estudiar la carrera de Comunicación en la Universidad Veracruzana. Ya era mamá de Sammy, de dos años, y nueve años después trabajaba para pagar la licenciatura en Comercio Internacional. A las 9:15 de la mañana, cuando me dirigía al trabajo, un joven totalmente alcoholizado conduciendo su automóvil a exceso de velocidad perdió el control del mismo y se subió a la acera donde yo venía caminando, me arroyó y aplastó literalmente, dejándome aprisionada entre el auto y el muro de concreto, cercenando mi pierna izquierda. Después de una serie de injusticias por parte de él y su familia, de negligencias médicas e injusticias legales, Dios siempre me acompañó, al igual que mi familia. Salí adelante gracias a los ángeles en mi camino en forma de personas, que te tienden su mano para no dejarte caer. Obtuve el cuadro de honor por tener el promedio más alto de la carrera y mención honorífica por el examen profesional más brillante de mi generación. Me convertí en la “maestra Anggie”, impartiendo clases en la universidad de aduanas, y al año y medio recibí una invitación para participar en el deporte adaptado en lanzamiento de bala y disco. Me felicitó el entrenador nacional y me informó que había obtenido el pase al campeonato nacional. Asistí y obtuve el pase para ser concentrada en el Centro Paralímpico Mexicano con posibilidades para prepararme y confirmar la preselección nacional mexicana.

XÑ: ¿Cómo recuerdas tu primer triunfo internacional?

MAOH: Mi camino a Río… Mi llanto desconsolado en la puerta de entrada del túnel del Estadio Parapanamericano de Atletismo en Río de Janeiro 2007, mi primera participación internacional de magnitud, con la muñeca de mi brazo vendada, hinchada hasta los dedos, (tres días antes de partir a Río, saliendo de un cajero automático en la Ciudad de México, trataron de arrebatarme la mochila que traigo siempre en la parte trasera de mi silla, y después de un fuerte jalón, busqué hacia el frente para impulsar las ruedas y mi mano quedó atorada en la rueda). De entre tanta multitud de atletas, entrenadores, auxiliares y gente de “pantalón largo” se acercaron solo dos personas: Ricardo, el masajista, quien sin conocerme me preguntó qué sucedía, le expliqué, me dijo “¿me permites apoyarte?”, y tomó mi mano, me masajeó, y dijo “ahora podrás lanzar y cuando hayas ganado tu medalla te veo de nuevo para tratar tu muñeca”; y Luis Alberto Zepeda Félix, multimedallista paralímpico y mundial en jabalina, me dijo con su tono norteño “no llores morra, entra allí y demuéstrales que el dolor no va a poder más que tus ganas de ganar, entra y rómpeles la m…e, no te des por vencida, entra y dales con todo”. Allí estaba yo, en el primer lugar, en el de honor, con récord parapanamericano, rompiendo mi primer récord del mundo. Ese bautizaría el primero de muchos gracias a Dios, el primer oro de mi carrera deportiva, el primero de muchos récords mundiales, el primer reto vencido… de nuevo dije: ¡gracias Dios!

XÑ: ¿Qué significó ser la primera deportista femenina en romper los 11 metros, con la bala de 4 kilogramos, y ganar la denominación Golden Athlete?

MAOH: Han sido regalos maravillosos, inesperados, y nunca soñados siquiera. He superado cualquier expectativa porque no hago las cosas pensando en esas situaciones, sino porque me apasiona, y pensando en lograr un objetivo más allá, uno personal de sobrepasar mi propio límite, de que mi país sea el ganador, de que mi bandera quede en lo más alto, que la gravedad no me gane ja, ja, ja, que mi reto lo supere… y esto trae por añadidura cosas sorprendentes como premios, reconocimientos y más, como los quince récords del mundo que nunca imaginé lograr. Imagínense, el último fue en marzo de este año, en Dubái, siendo directora del Instituto Veracruzano del Deporte.

XÑ: ¿Cuál fue tu papel para el logro de una ley tan importante como la de Inclusión para las Personas con Discapacidad?

MAOH: La verdad fue el papel de Amalia Pérez, Chrys Hoffmann y yo, quienes encabezamos esta lucha valiente y fuimos directo a Los Pinos a hablar con la esposa del entonces presidente de México. Ella nos abrió la puerta totalmente y nos escuchó, atendió, recibió y analizó la documentación. No teníamos un derecho como medallistas de juegos paralímpicos. Después se unieron Dora Mitzy González, Pedro Rangel, Luis Alberto Zepeda y Esther Rivera. Lo que nosotros queríamos es que como deportistas, al igual que en otros países, se nos reconociera nuestro derecho. Se hizo un llamado a FODEPAR y ahí entramos ya con fogueos, seguro médico, equipo multidisciplinairo, estímulos y becas similares. También contribuyó el CENAPRA, la SCT y el gobierno federal para la ley nacional que salió en 2006. “Todo aquel que conduzca en estado de ebriedad no tiene derecho a fianza”. Mi historia de vida salió publicada en el libro Rostros y Faces en Estados Unidos, donde se recopilan historias de víctimas de accidentes viales para sensibilizar sobre el tema y de esta forma exigir legislar en esta materia, y se logró.

XÑ: También te desarrollas como conferencista, compártenos los detalles…

MAOH: Necesité desahogarme y, aparte de encontrar en la fe un gran refugio, opté por escribir un relato de mi historia por internet y enviarlo a mis contactos, detallando exactamente lo sucedido en mi caso. Cada persona, con nombres y apellidos, al final pedía a los jóvenes no beber y manejar, moderar su forma de beber, y a los padres rescatar los valores y el tiempo que pasan con sus hijos para hacerlos responsables y ponerles límites. Esta historia dio la vuelta al mundo y empecé a recibir respuestas desde Canadá, Estados Unidos y otros países y ciudades de México, hasta que llegó una invitación de un grupo de jóvenes y el CENAPRA para participar con mi testimonio de vida en el Auditorio Nacional. ¡Uf!, fueron 10 mil almas y todo un éxito. Es ahí donde “me cayó el veinte” de que debía llevar mi mensaje de esta forma a la sociedad y empecé a hacerlo, un mensaje de concientización social y humana. Poco a poco fui perfilándolo hacia todo tipo de enfoques. A través de conferencias ya he visitado varios países con “Detrás de la medalla”.

XÑ: Por último, dales un mensaje de aliento a muchos lectores que no encuentran la motivación o se sienten agobiados por un problema o una limitación.

MAOH: Mi frase de vida es “todos podemos ser sorprendentemente grandes porque en nuestra mente y en nuestro corazón no existen límites”. Lo importante es nuestra fe, nuestra actitud ante la vida y ante los retos, la disciplina con que luches día a día, y la pasión con que desarrolles tus actividades, convencido de que debes amar lo que sea que hagas y seguro de que cada vez que obtengas un objetivo siempre habrá una meta más alta que conseguir. Cada vez que alguien te cierre una puerta tú debes buscar por dónde puedes abrirla. Cada vez que recibas un “no” tú debes buscar por dónde obtener un “sí” y jamás te quedes con un “no puedes”, quien sea que te lo diga; “no puedes” te habla de sus límites, pero no de los tuyos, por que los tuyos son infinitos.

Locación:

Gimnasio Leyes de Reforma

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