DANIEL GONZÁLEZ LOYO

Através de distintos medios conocemos la vida de los deportistas, pero pocas veces la de los jueces o árbitros de las disciplinas. Su papel es crucial ya que de sus decisiones profesionales y de la oportuna aplicación del reglamento depende en gran medida el desarrollo de una competencia. Así que en esta ocasión nos adentramos en la vida de un connotado juez de voleibol, Daniel González Loyo, quien además de tener una amplia trayectoria y ser un profesional en lo que hace, fue nombrado Mejor Árbitro de la Copa Panamericana de Voleibol Femenil 2008.

XÑ: Daniel, ¿por qué decidiste ser un juez de voleibol?
DGL: Siempre me gustó el deporte. Al iniciar mi carrera vi en el arbitraje una forma de involucrarme más en la profesión que elegí y mejorar mi perfil. Con el tiempo lo fui entendiendo mejor y me fue apasionando no sólo lo que exigía de mi persona dentro de la cancha, sino sus efectos positivos fuera de ella.

XÑ: ¿Cómo has aplicado tus estudios sobre entrenamiento y ciencia deportiva?
DGL: Tengo también la suerte de trabajar como educador físico en el Colegio Rebolledo y como entrenador de voleibol en el Colegio Las Hayas y el Instituto Tecnológico Superior de Xalapa. Así que de una forma u otra trabajo con niños y jóvenes de casi todas las edades y hago mi mejor esfuerzo para que ellos se beneficien de estos conocimientos. He aprendido de grandes entrenadores y teóricos del deporte para luego aplicarlo como preparador físico, entrenador asistente o entrenador principal. Esto me ha permitido entender mejor las necesidades y exigencias del voleibol y su impacto físico y mental en los árbitros, incluyéndolos en los contenidos que he diseñado para los cursos en México.

XÑ: ¿Cuáles son las cosas más difíciles de juzgar en un encuentro de voleibol?
DGL: La calidad del manejo del balón, las acciones rápidas y, en determinadas condiciones, la conducta de los participantes.

XÑ: ¿Qué debe imponer un juez: respeto, miedo, autoridad…?
DGL: Diría que confianza. Desde que somos aspirantes de árbitros nos enseñan que debemos impulsarnos a convertirnos en profesionales expertos, a la vez que amigos de los participantes en la cancha. Es nuestra función aplicar las reglas del juego y eso nos otorga la misma autoridad que responsabilidad durante un partido. Cuando logramos que los entrenadores y jugadores tengan la confianza de una comunicación efectiva con el cuerpo arbitral y que el resultado del juego sea producto del esfuerzo y la calidad de los equipos, nos sentimos satisfechos.

XÑ: ¿Qué tanto ayuda jugar y entrenar un deporte para poder sancionarlo?
DGL: Creo que es muy importante porque permite entender a los participantes. Sin embargo, han existido árbitros de primer nivel que nunca lo practicaron. No es una regla haberlo practicado para poder sancionarlo.

XÑ: Platícanos de tu faceta como capacitador de esta disciplina.
DGL: Después de muchos años como árbitro, de prepararme como docente y entrenador, logré ser instructor no sólo de arbitraje sino también de entrenadores. He impartido cursos y clínicas por todo el país. Me gusta compartir lo que el voleibol me ha enseñado; si mis conocimientos y experiencias le ayudan a otros es una satisfacción extra, además de que me regala la sensación de que le devuelvo un poco al deporte que me ha permitido viajar por el mundo y conocer todo tipo de personas.

XÑ: Háblanos de tu actividad como dirigente.
DGL: El arbitraje me ha ayudado mucho para tratar de equilibrar mis acciones aún fuera del contexto deportivo. Cuando he sido directivo o he estado al frente de una comunidad, lo primero que debí entender es que se dirijen personas y que cada cabeza es un mundo. Equilibrar las relaciones personales con el beneficio del grupo es el reto principal de cualquier dirigente. Se requiere también pasión, tiempo y mucho trabajo.

XÑ: ¿Por qué recomendarías la práctica de esta disciplina?
DGL: Practicar un deporte o actividad física formal es fundamental para el desarrollo armónico del ser humano. El voleibol permite mejorar en lo individual coordinación, ritmo, ubicación espacio-temporal, rapidez de reacción, fuerza, resistencia, amplitud de movimiento, visión periférica y toma de decisiones. En lo colectivo se aprende a trabajar en equipo, a relacionarse sanamente con los demás y se promueven valores y actitudes como la tolerancia, espíritu de lucha, paciencia, respeto, alegría, conocimiento de sí mismo y superación constante.

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