TRES INTERPRETACIONES PARA VER ¡MADRE!

Por Rafael Campos

¡Madre! es, sin duda alguna, una película fascinante a múltiples niveles. Esta afirmación subjetiva trasciende a toda la polémica que rodea al siempre interesante Darren Aronofsky, tanto a la polarización del público y la crítica, como a los abucheos recibidos en el Festival de Venecia y a la indeseable calificación F que ha obtenido en CinemaScore.
Todo esto queda ligeramente ensombrecido por el alma de la película, los múltiples subtextos que esconden sus pasajes disfrazados de cinta de terror convencional, y que hoy les presento en tres posibles interpretaciones que les recomiendo ver.
Lo que es un hecho es que Aronofsky, cuya filmografía puede gustar o no, consigue con creces no dejar indiferente a nadie.

1. El ego del autor y el maltrato de la musa
De todas las posibles, la lectura más básica —y menos exigente— que se le puede dar a ¡Madre! y a su evidente intención metafórica se centra sobre la relación más mundana posible entre el personaje de Javier Bardem y el de Jennifer Lawrence, representando al creador ególatra y a su fiel compañera, musa y amante entregada respectivamente.
Explorar el filme desde esta perspectiva priva de sentido a gran parte de su iconografía, pudiendo readaptar el resto de símbolos a favor de esta propuesta. De este modo, seguiríamos el sufrimiento del devoto personaje de Lawrence, siempre a la sombra de un marido que exprime hasta la última gota de su esfuerzo y amor ciego con el único objetivo en mente de culminar su creación.

2. La lectura más obvia: la Biblia según Aronofsky
Si atendemos a los títulos de crédito de ¡Madre! descubriremos que todos los personajes aparecen escritos en minúsculas a excepción del de Javier Bardem, cuyo nombre (Él, Him) está escrito con la primera letra en mayúscula. Esto no hace más que reforzar la lectura más obvia de la obra de Aronofsky, que no hace más que representar a lo largo de dos horas una interpretación del libro bíblico del Génesis.
En este caso Bardem no sería otro que Dios, un creador al que su trabajo se le termina escapando de las manos. El Jardín del Edén se simboliza en el hogar que comparte con Jennifer Lawrence, quien recibe la primera visita bajo la forma de un Ed Harris que da vida al equivalente a Adán, el primer hombre. Tras él, y después de una escena en la que se revela una herida en la zona de sus costillas, aparece Michelle Pfeiffer, Eva, la primera mujer. Esta estampa bíblica no estaría completa sin una fruta prohibida. Los siguientes en hacer acto de presencia son los personajes de Brian y Domhnall Gleeson, que aquí interpretan a los hijos de Harris y Pfeiffer; esto es, a Caín y Abel.

3. La lectura oficial: Aronofsky y la madre naturaleza
La respuesta a esta última y gran pregunta se encuentra en la explicación que el propio Aronofsky da sobre su nueva película. En ella afirma que es una historia sobre la Madre Naturaleza (Lawrence) contada a través de sus ojos, añadiendo además que la cinta emplea la Biblia únicamente como estructura para narrar la historia y no como elemento clave a nivel argumental.

Más de XÑ