LOS SENTIMIENTOS Y LAS IDEAS EN LA ERA DIGITAL

Por Ángel Salazar

Hoy quiero permitirme unas líneas para pensar la tecnología… ajá, la tecnología, así sin más con un ejemplo muy común. Que la tecnología sea tan sofisticada, compleja y útil es un logro, pero no para la humanidad sino para quien ideó una calculadora, una prótesis de órgano, un chip de almacenamiento, una celda de energía solar, etcétera.
No quiere decir esto que por no haber estado involucrados en el proceso creativo de cada una de esas cosas no podamos entender los beneficios reales de la tecnología. Está a nuestro alcance y la oportunidad que tenemos para saber de los alcances de la humanidad desde la rueda o el fuego hasta los espacios virtuales de almacenamiento infinito y comunicación sin límites, por decirlo de alguna manera, está tanto en el uso como en los beneficios que recibimos de ellos. Vamos por el principio.
Hoy ya casi es Navidad y seguro podría editar en mi computadora un collage de fotos familiares para grabarlo en un disco como un video para reproducirlo a la familia que sólo se reúne una vez al año. Hace algunas décadas, realizar lo mismo hubiera llevado por lo menos una semana si se tuviera el equipo adecuado: una cámara profesional de cinta de celuloide, el ingenio de cortar y pegar los pedazos de negativo deseados, un estudio de revelado y una máquina de copiado de rollo y un convertidor de video VHS (ni siquiera sé si ese sea el nombre genérico). Lo que importa aquí es que ese proceso resultaba una odisea y quien lo hacía así, paso a paso, entendía el arte de esa labor. Lo mismo se puede pensar de la escritura en máquina de escribir, grabar música en casete, pintar un cuadro y cualquier otra cosa. Volvamos al presente. Lo que me interesa aquí es que el progreso de la tecnología en muchos sentidos representa un ahorro en tiempo y esfuerzo, digo, y de dinero, por si dicen que se me olvidaba, pero ahora el dinero no interesa.
Si lo vemos desde un punto de vista conservador, esta simplificación de elaborar las cosas ha representado un riesgo para el valor de las mismas; pero si lo vemos de manera optimista, el “tiempo que nos regala la tecnología” es para pensar lo que realmente estamos haciendo. Los objetivos sólo han cambiado.
Regresemos un poco. El producto de grabar un video, un disco y tomar un rollo de fotos lo veíamos siempre en materia y circulando por espacios físicos reales hasta llegar a la persona deseada. Hoy no es así, tal cosa puede hacerse totalmente virtual: obtener un producto en gigas o megas, circular por un ancho de banda potente y en menos de un día estar con la persona querida. Todo es y se mantiene como una idea más elaborada.
Si piensa que estoy demeritando el futuro con relación al pasado, no es mi intención. El pasado de la tecnología es el parteaguas para una era digital o para la virtualización del mundo. Las cosas que regalábamos antes eran más artesanales porque la tecnología era diferente, era obvio que los procesos de manufactura de las cosas adquirieran un valor adicional. Hoy cualquiera puede hacer cualquier cosa, no porque nuestro mundo sea virtual o ficticio refiriéndose a él despectivamente.
Ahorra tiempo. Nos pone en una situación de saber que no era realmente la cinta, ni la televisión, ni el esfuerzo lo que he querido compartir desde que decidí regalarle a la familia un video con fotos de nosotros cuando éramos niños: la idea era simplemente recordar el pasado. Y eso no se logra nada más con la fotografía, los sonidos y los olores también logran ese efecto. Y en ese otro aspecto, la igualación de olores por computadora para calibrar una báscula y calcular los gramos exactos de las sustancias que logran determinada esencia ha avanzado tanto como la igualación de colores. Por eso el pasado y el presente se pueden palpar en cualquier momento con el recurso adecuado.
Cuando piense que la era digital es un retroceso en la evolución humana, puede ser que así sea, pero no deseche algo sólo porque tiene el estigma que otros le han puesto porque no supieron ver otra cosa en ello.
Digitalizar nuestras ideas puede ser tan virtual como soñar: vivir una vida paralela, otra forma de comprender la realidad. Así que si usted compara un correo electrónico, una tarjeta gift, el enlace a un video en internet con una tablet o computadora y lo ve poca cosa, lo que usted no ha pensado es que con lo primero usted está regalando una idea primigenia: lo que impulsa a comprar cosas, o mejor aún, lo que mueve al mundo y nuestras sensaciones.

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