JUEGOS DE ARTE

Por Ángel Salazar

Las experiencias que los videojuegos nos puedan otorgar dependen tanto de las historias que nos cuentan como de su diseño. Sin embargo, cuando el juego nos dice qué hacer y todo se reduce a lo que se ve no durará mucho en nuestros corazones.
Creo que lo que hace a un buen juego es el misterio: lo que no se revela y uno tiene que descubrir por error o por chisme de alguien más que ya lo resolvió y que uno confirma con su propia experiencia.
Cuentan las viejas voces que aquel que logro hacer el truco de las cien vidas con un caparazoncito de tortuga en Mario Bros estuvo a punto de morir de un infarto. Sí, no era un niño; era un adulto quien estuvo intentando qué se podía hacer con cada uno de los objetos o personajes del videojuego.
Hace unos años atrás surgió una nueva tendencia en videojuegos entre programadores y diseñadores independientes. Se trata de los hechos por una persona o un grupo de personas que comparten historias mejor elaboradas y gráficos en 2D al estilo de los antiguos videojuegos, que parecerían que fueron dibujados a mano. Lo que mejor se rescata es la experiencia que se desprende de esos rasgos junto a la música o sonidos ambientales y la referencia a videojuegos clásicos como Mario Bros o Zelda que puede ocasionar una tremenda nostalgia en jugadores adultos. Juegos que comienzan sin ninguna explicación; te lanzan a la aventura con apenas algunos indicios para comenzar y requieren de mucha paciencia.
Primero fue Braid, en 2008, cada vez que lo juego la experiencia es distinta porque no existe una forma lineal de jugarlo. Los escenarios impresionistas se mueven como si tuvieran vida y la sensación que deja regresar en el tiempo es tan excitante que vale la pena jugarlo sólo por eso. Braid fue el parteaguas y de ahí vinieron otros con el mismo estilo artístico como Limbo y Machinarium.
Limbo, al igual que Braid, empieza con un niño, o el alma de un niño que cae a él para cruzarlo, salir de él y darse cuenta de un terrible acontecimiento. Es un juego que pretende ser terrorífico y lo logra con la ayuda de no más que sombras y siluetas en blanco y negro y sonidos escalofriantes. Es impresionante ver cómo un juego de gráficos tan sencillos puede provocar una ambientación tan real.
Mi otra recomendación para aquellos chavos chiquitos, ya sea que quieran un receso de las balas y las carreras o simplemente busquen una experiencia nueva, sería Machinarium. Otro juego que con sólo verlo iniciar desprenderá el mismo comentario que con los anteriores sugeridos: “¡qué bonito se ve!”. No es el realismo aquí lo que emociona sino el grado de fantasía en los escenarios postapocalípticos donde sólo han sobrevivido las máquinas, o mejor dicho, los robotcitos. Resolver cada puzzle será el pase para pasar al siguiente escenario.
Todos ellos aparentemente juegos inocentes pero con una reflexión profunda acerca de la vida para quien pueda entretenerse con algo más que pistolas y autos de lujo.
Si te atreves a jugar los tres, después de algunos días, te preguntarás si la espera de pasar al otro nivel es mayor o menor que quedarse a contemplar todos los detalles del mundo actual por el que ahora estás cruzando.
Descárgalos, su compra no será un desperdicio tras tener aquella sensación en el estómago.

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