LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

Por Fernanda Denisse González

¡Hola xalapeñísimos! Llegamos al mes en que recordamos a nuestros difuntos con amor y de una forma muy a la mexicana. En nuestro país, como en muchos otros, percibimos la muerte como el final de la vida; pero hoy les hablaré sobre un lugar muy especial, donde ven a la muerte de una manera totalmente diferente. ¿Listos?

1. Este lugar se encuentra en El Cairo, Egipto. La mayoría de los cairotas lo llaman El Cementerio, otros Ciudad de la Muerte y el mundo lo conoce como La Ciudad de los Muertos. Es el cementerio musulmán más grande y transitado del mundo; una red de tumbas de casi siete kilómetros de largo, de norte a sur.

2. Este cementerio fue creado por los sultanes mamelucos. Los mamelucos de Egipto eran esclavos provenientes de Ucrania y Rusia. Al llegar a Egipto estos jóvenes eran instruidos con formación rigurosa militar para que al terminar fueran hombres libres. Algunos mamelucos pertenecían a una élite especial, la del cuerpo de mamelucos reales, quienes habían sido comprados, instruidos y liberados por el propio sultán y se encargaban de proteger El Cairo.

3. En la Guerra de los Seis Días, en 1967, las familias egipcias que habitaban los pueblos de arena del Sinaí tuvieron que desplazarse a otras regiones del país por la invasión de Israel. Muchos llegaron a El Cairo, que era ya la ciudad más poblada de África. No había varios lugares donde hospedarse y algunos desplazados sólo encontraron opción en el viejo cementerio. Desde entonces nadie ha podido sacarlos. No importó que Egipto recuperara el Sinaí en 1979.

4. Imposible vivir en un cementerio, ¿verdad? Para los egipcios no, de hecho existe una fabulosa historia de amor por la que ellos ven la muerte de diferente forma: cuando el dios Osiris fue asesinado por su hermano Set, su esposa, la diosa Isis, buscó sus restos dispersados por Egipto y los unió. Le devolvió la vida, aunque no por mucho tiempo. Pero Isis lo revivió el tiempo suficiente para concebir un hijo, Horus, con cabeza de halcón, quien fue el dios más amado del pueblo de los faraones. Así se amaron Isis y Osiris, él reinando en el inframundo y ella en la vida.

5. Los dueños de las tumbas aceptaron que desplazados de guerras e indigentes se instalaran, así cuidarían los cuerpos de sus antepasados. Algunas tumbas deben pagarse y otras son gratuitas. Existen algunas que albergan hasta diez personas.

En el +1 les platico que en esta necrópolis hay escuelas, panaderías, cafés, mercados y hospitales. Las tumbas son tan apreciadas que existen personas dedicadas a promoverlas. Lo único difícil para adaptarse es el olor de los cadáveres porque todos los días llegan cuerpos a ocupar mausoleos, pero eso no detiene la vida de más de un millón de personas que viven ahí.

Les recomiendo un poema de la mexicana Ana María Rabatté, En vida, hermano, en vida; les encantará y los hará reflexionar. Recuerden: la vida es ¡xalapeñísimamente hermosa! ¡Bye, bye!

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