¡QUÉ RENAZCAN LOS NACIMIENTOS!

Por Rafael Campos

La costumbre religiosa y pagana de hacer nacimientos en nuestras casas involucra la convivencia familiar, la interacción de los nietos con los abuelos o de los padres con los hijos.
Los nacimientos o belenes tienen su origen en los montajes vivientes que recreó San Francisco de Asís hace casi 800 años y hoy son parte importante de la decoración navideña en México. En este sentido, existen belenes que llaman la atención por su dimensión monumental o por el desarrollo de miniaturas muy bien logradas.
Se cree que el primer nacimiento hecho con figuras de barro se realizó en Nápoles, Italia, a finales del siglo XV. A partir de esa fecha, el rey Carlos III ordenó que la presentación se extendiera por todos sus dominios.
Pero los nacimientos no siempre tuvieron un fundamento ornamental, ya que en gran parte fueron utilizados durante la época colonial con la intención de sensibilizar e involucrar a las nuevas y no tan nuevas generaciones en la tradición navideña y, por tanto, cristiana. Sin embargo, la mano indígena pudo aportar su propia interpretación de las cosas, por ejemplo, los angelitos de Tzintzuntzan, Michoacán; las figuras de barro de Metepec, Estado de México; o los nacimientos en miniatura y policromados de Tlaquepaque, Jalisco.
El nacimiento moderno (la palabra belén ha caído en desuso, al menos en nuestro país) combina una serie de elementos bastante discordantes, los cuales no tienen nada que ver con el origen del niño Jesús. Si tomamos en cuenta que él nació en un lugar del Oriente Medio, sería poco factible pensar que haya sido en un sitio frondoso y verde. Lo mismo ocurre con los pinos que ahora se colocan junto al nacimiento, puesto que esa especie no existe en aquellas áridas tierras del actual Israel. Ahí está la creatividad de los mexicanos. No me lo van a creer, pero hay muchos nacimientos donde se incorporan algunos muñecos, luchadores, superhéroes o soldaditos de plástico.
Otra cosa que sobrepasa lo pintoresco es el tamaño de algunas de las figuras. No es raro encontrar que el Niño Dios sea casi del mismo tamaño que José y María o, por el contrario, unos Reyes Magos gigantes y un niño naciente en miniatura.
Como leerán, este arte puede realizarse con cualquier elemento y material disponible, los más comunes son el paxtle, el musgo, la paja y el cartón; aunque también se pueden utilizar rocas, mangueras, láminas y cuanta cosa haya a la mano.
Recobremos esta tradición, destinemos un poco de tiempo y dinero a este momento de convivencia e imaginación y juntos logremos ¡que renazcan los nacimientos!

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