LA MUELA DEL JUICIO, UNA MUELA QUE NOS SACA DE QUICIO

Por Dr. Heber León

Las muelas del juicio (o terceros molares) comienzan a erupcionar entre los 17 y 28 años aproximadamente y, como todos sabemos, o deberíamos saber, es un molar inútil que se presenta en nuestra vida para complicarla un poco más y no para masticar mejor porque no nos hace falta.

¿Por qué las tenemos?
Porque nos quedó como vestigio de nuestra evolución como especie y como raza. Nuestros antepasados hace un millón de años tenían unos maxilares muy desarrollados y les cabía incluso un cuarto molar. El hombre actual tiende a suavizar sus rasgos faciales y al hombre moderno no siempre le cabe ese tercer molar. La muela del juicio sale cuando ya todas las demás piezas están acomodadas y el crecimiento y desarrollo de los maxilares está llegando a su fin o ya están totalmente estabilizados.

¿Por qué tardan en salir?
La muela del juicio tiene diferentes obstáculos y da diferentes complicaciones eruptivas, según sea superior o inferior. La más famosa suele ser la inferior porque las quejas de los pacientes son más frecuentes, pero la superior también tiene lo suyo.
El problema es la falta de espacio: la muela busca acomodarse, pero no hay una plaza y busca ponerse en doble fila.
La muela del juicio inferior erupciona en la parte más posterior de la boca. Los tejidos blandos que rodean la muela que está asomando en el ambiente bucal forman un capuchón o bolsa que envuelve a la muela y que a su vez sirve de bolsillo semicerrado donde migran y se instalan bacterias, penetran restos alimenticios y se forman detritus que favorecen la proliferación de las bacterias bucales que encuentran en la zona un hábitat óptimo para su desarrollo.
Si no son muchas, o no son agresivas, o nuestras defensas las controlan y la higiene es buena puede ser que no den muchos problemas y pueda seguir así muchos años. En caso contrario, mientras dure el período eruptivo y según la posición y situación de la muela en la zona, según la encía sea blanda, carnosa o abultada, favorecerá o no la retención de residuos. La invasión de bacterias bucales junto con la imposibilidad de cepillar para barrer las bacterias terminan por provocar una infección y nuestro organismo reaccionará para defenderse produciendo una inflamación de los tejidos circundantes a la muela.
Esta inflamación puede estar bien circunscrita alrededor del capuchón de carne que rodea la muela (pericoronitis) o puede extenderse a la cara, al piso de la boca, produciendo inflamación de los ganglios. El dolor se puede extender al oído, a la cabeza, al ojo, al ángulo de la mandíbula, al piso de la boca, a la garganta. Cuando se extiende a la garganta, duele al tragar.

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