FUNDACIÓN ACOMPAÑA

Ser madre es, para la mayoría de las mujeres, la bendición más grande que puede experimentar. ¿Te has preguntado qué harías si alguno de tus hijos muriera? En esta edición te presentamos la historia de cuatro mujeres que han enfrentado la muerte de sus hijos y que encontraron en Fundación Acompaña un medio para recuperar la esperanza de vivir, aún en medio del dolor.

Un corazón especial
Soy Paty, mamá de Marijó.

María José fue una hija planeada, deseada y amada desde el primer minuto en que supimos de su existencia. A los dos meses de vida le detectaron una cardiopatía congénita y requería una cirugía mayor que le practicaron en la Ciudad de México. Murió en la recuperación y con ella murieron todas mis ilusiones, mis planes y mi motivación para continuar viviendo.
Acudí a terapia, retiros y cursos, pero sentía que nadie entendía mi dolor porque ninguno de los que me “aconsejaba” había pasado por algo similar. Fui a una conferencia del doctor Jorge Montoya y ahí conocí a Fresia, quien me contó sobre Fundación Acompaña; ella me llamaba cada vez que se reunían, pero yo no estaba lista. Un día, cercano al 10 de mayo, tuve una fuerte crisis de depresión; en ese momento, Fresia volvió a llamar y corrí en busca de ayuda. Las mamás de Acompaña me escucharon y lloraron conmigo, me abrazaron y cobijaron con su amor. He encontrado empatía, respeto, ayuda y amor. Hoy estoy aquí, aún con dolor, pero dispuesta a continuar y transmitir el mensaje de amor que Acompaña tiene para las mamás que, como nosotras, han vivido esta terrible realidad.

Sangre de héroe
Soy Lety, mamá de Fayín.

Mi hijo Rafael fue diagnosticado con leucemia a los veinte años. Durante los meses que duró su tratamiento, a pesar de mi angustia y desesperación, nunca perdí la esperanza de que lograríamos ganar la batalla, pero mi hijo murió en mis brazos y yo sentí que morí con él.
Me refugié en mi fe porque tengo una hija más a la que no quería lastimar con mi dolor, pero en este esfuerzo de aparentar para ella que todo estaba bien, me sentía sola, incomprendida, desesperada.
Una compañera del grupo de la iglesia me comentó de Fundación Acompaña; así fue como tuve el primer contacto con Fresia. Acudí a una reunión y conocí a las demás integrantes, quienes se han convertido en otra familia para mí. Encontré hermandad, sinceridad, empatía; el abrazo cálido y de corazón que necesitaba. Es mi refugio, mi espacio; el lugar donde puedo hablar libremente de mi hijo y llorar cada vez que lo necesito, pero también donde puedo compartir mi fortaleza con otras mamás que apenas inician su proceso de duelo, porque hoy he aprendido que “el amor es más fuerte que el dolor”.

Realidad que duele
Soy Flori, mamá de Cris.

Mi hijo Cristhian fue asesinado a la edad de 32 años. Haber perdido a mi único hijo varón acabó con todo lo que yo era como persona, me hizo deambular por un sendero obscuro y tocar las puertas de la locura. Estuve en total soledad porque mi familia y amigos viven en otras ciudades. Acudí con el psicólogo, a la iglesia, busqué otras alternativas en un intento por aminorar el dolor que laceraba mi vida.
En esa búsqueda me inscribí a un diplomado en Tanatología y ahí conocí a Fresia. Un día nos invitó a una conferencia del doctor Jorge Montoya, quien habló de Fundación Acompaña. A partir de ese momento mi angustiante peregrinar tomó un nuevo rumbo. Encontré mi lugar; con mis compañeras he encontrado comprensión, amor y respeto. He aprendido que el dolor por la muerte de mi hijo nunca desaparecerá, pero a través de las reuniones estoy recuperando mi fe y la esperanza de vivir con un corazón en paz.

Doble duelo
Me llamo Fresia y dos de mis tres hijos murieron.

Mi hijo murió a la edad de diez años, tras una larga batalla contra el cáncer. En aquel momento mi proceso de duelo fue devastador, no supe cómo llevarlo, me encerré en mi dolor y descuidé a mi familia, dejé de disfrutar a los dos hijos pequeños que aún tenía en casa. Cuando finalmente acomodé mi dolor y empecé a retomar mi vida, el segundo de mis hijos murió a la edad de 21 años. Fue como estar muerta en vida, sentía que vivía como un zombi.
Llegó a mis manos el libro El duelo es personal; sentí que describían lo que estaba sintiendo. Le envié un correo a la autora; me contestó mandándome el correo electrónico de Fundación Acompaña. Les escribí y me contactó Rebeca, la fundadora. En ese momento me llené de esperanza nuevamente. Me invitó a las sesiones en la Ciudad de México y acudí sin pensarlo. Ella me sugirió organizar una conferencia con el doctor Jorge Montoya sobre el duelo en Xalapa. La llevamos a cabo. Después sesionamos por primera vez como grupo de autoayuda en Acompaña Sede Xalapa, del cual soy coordinadora.
En Acompaña aprendí a no ocultar mi dolor, a no llorar a solas; entendí que mis hijos son y serán parte de mi vida y que cada lágrima que derramo es por todas esas historias de amor que compartí con ellos. Sigo viviendo mi proceso de duelo, pero ya no estoy sola. Hoy vivo con los pies en la tierra y el corazón en el cielo.

Fundación Acompaña fue creada en la Ciudad de México en 2008 por iniciativa de Rebeca Caballero, quien ante la muerte de su hijo quiso darle un sentido positivo a su dolor. En estos nueve años de trabajo, ha llegado a más de 1500 madres en todo el país, mediante sus 19 sedes. No es un grupo religioso, pero está basado en el acto de acompañar al que sufre. Es una asociación incluyente; no distingue credo, posición económica o estatus social. Las sesiones son gratuitas y confidenciales.

Contacto:
Paty: 2281 27 42 32
Lety: 2281 19 48 67
Flori: 2281 82 63 79
Fresia: 2281 84 29 07

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