“Si veo a una persona que odia a un perro,
ya me dijo todo de él, no necesito saber mucho más…”

Yo tenía siete años cuando mi madre murió y cuando analizo lo que ella sembró, cincuenta años después, sigue dando frutos. Lo que me sucedió fue popular, pero hay gente que hace cosas heroicas y maravillosas toda su vida y en silencio… Lo mío no fue más grande, ni mejor, pero tuvo la ayuda de las redes sociales.
Mi vida era bastante normal hasta los 44 años: estudié odontología, hice una especialidad en ortodoncia, tenía mucho éxito y materialmente me iba muy bien. Sin embargo, cuando tienes todo esto a temprana edad llega un momento en el que te das cuentas que no a todos les va tan bien. Empiezas a tener ese vacío existencial y te preguntas para qué estás aquí, qué sigue…
Siempre he sido enemigo de humanizar a los animales y, aunque llegué a tener 75, los sigo viendo como lo que son: seres maravillosos. Todo empezó con tres perros ratoneros y después una amiga me pidió que adoptara una perra que una pareja había abandonado, Tula, una labrador color miel.
En ese entonces tenía una cancha de futbol propia; el futbol ha sido una de mis aficiones… Con esa sensación de haber cambiado el destino trágico de una perrita, adopté un perro atropellado y empezó a hacerse adictiva la emoción de hacer algo que afecta positivamente la vida de un ser.
Cuando la gente habla del “dentista que tiene un montón de perros” no sabe que no soy “perrero”, es decir, no sé de razas, ni de su genealogía. Yo no recogí a los perros porque eran perros, sino porque eran seres que sufrían. Pero en esta actividad siempre hay un déficit: tú rescatas diez y la gente adopta uno. No tenemos cultura de la adopción, la gente quiere el cachorro de raza. Habría que preguntarle al perro si es feliz con tanto amor, como dice César Millán: es un ser con necesidades propias, no un objeto de nuestras frustraciones y necesidades.
Yo tenía un plan perfecto, pero… “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Yo decía: “tengo cincuenta años y 75 perros que vivirán quince años aproximadamente, así que cuando yo tenga 65 la muerte de todos ellos me habrá enseñado a asumir la mía, que llegará aproximadamente diez o quince años después”. Sin embargo, a los 53 años me descubrieron cáncer de colon y el primer diagnóstico es me quedaba un año de vida y ahí empezó todo…
Puedes irte cuando estás satisfecho, yo no podía irme… Mi primer pensamiento fue “tengo que encontrarle hogar a mis perros, qué voy a hacer con ellos”. Apelé a la sociedad, a la redes sociales; avisé que me estaba muriendo y que tenía que encontrar hogar para ellos. En una semana adoptaron sesenta perros, me quedé con aquellos enfermos, lisiados o para los cuales la separación sería fatal.
De esta manera descargué mi mente para enfrentar con valor y energía el cáncer. Hoy, después de un magnífico tratamiento, una cirugía maravillosa y seis meses de quimioterapia estoy libre de cáncer, con una posibilidad de recaída muy alta, pero… no es algo que deba pensar. Ahora estoy libre.
Quiero puntualizar lo más importante: hay que esterilizar a todos los perros; hay demasiados en el mundo. Es importante que tengan una placa de identificación para que si se extravían puedan regresarlos a su hogar. Merecen respeto, tienen derecho a una vida digna como perro. El que aprende a ver un poco el alma del perro amplía su horizonte. No dejemos de pensar si el perro es feliz, si está bien.
En cuanto a mí, ojalá un día sea yo tan buena persona como mis perros creen que soy…

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