TERMINÓ EL 2015

Por Yolanda González

Empezaré este artículo con una de las más bellas reflexiones de superación. El águila es el ave de mayor longevidad de su especie, llega a vivir setenta años; pero para llegar a esa edad, a los cuarenta debe tomar una seria y difícil decisión.
Su pico largo y puntiagudo se curva apuntando hacia su pecho lastimándola, sus alas envejecen y se tornan pesadas y de plumas gruesas, volar se le hace muy difícil. Entonces el águila sólo tiene dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.
Este proceso consiste en volar hasta lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón en donde no tenga la necesidad de volar. Al encontrarse en ese lugar, el águila comienza a golpear en la pared hasta conseguir poco a poco arrancarse el pico. Luego esperará el crecimiento de un nuevo pico fuerte con el que desprenderá una a una sus uñas talones. Cuando los nuevos talones comienzan a nacer comenzará a desplumar sus plumas viejas y finalmente, después de cinco meses muy duros y dolorosos, sale al vuelo nuevo llena de belleza y dignidad, orgullosa de su lucha para una etapa de treinta años más de vida.
El ser humano no sufre tanto con un proceso de cambio, así que se puede hacer durante el año; más al final del año cuando se reflexiona sobre lo que hemos hecho con nuestro entorno, familia, sociedad, espiritualidad, emociones, sentimientos, físicamente.
Con amor tenemos la oportunidad de realizar los cambios necesarios, dejar de culpar a los demás por la mala suerte y reconocer errores, darnos cuenta de que existe una nueva posibilidad de ser mejor persona o a comportarse como persona, de vivir una nueva forma de vida, empezando por cambiar lo desagradable de nosotros y darnos una vida nueva ante un año nuevo.
Los cristianos realizan la Corona de Adviento como el anuncio de la Navidad, mas como una forma pedagógica y simbólica terminaré diciendo que sus componentes reflejan lo que debería ser siempre nuestra vida.
La palabra adviento significa “venida” y esto es importante para saber esperar de nosotros lo mejor; fuera envidias, enojos, frustraciones, engaños, actitudes limitantes. El círculo es que realmente estamos cerrando enojos, perdonando y aprendiendo a vivir y no a morir viviendo. El verde es la esperanza que siempre se debe tener en sí mismo y los demás; es tener fe y confianza. Las velas son la luz que siempre nos debe iluminar, mas también debe ser la luz que debemos dar a los demás. El rojo es el color del amor que estamos dispuestos a dar y recibir, recordando siempre que es el valor universal, que se compone de un poquito de todos los valores, de lo mejor, de plumas nuevas y vuelos poderosos.
¡Muchas felicidades! Y recuerden que para que el mal triunfe “basta con que los buenos no hagan nada” (Burtke).

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