MÉXICO EN TODOS SANTOS

Por Yolanda González

¡Ya huele a tamales, flores, velas, incienso, comida! Ya estamos en la época de los altares y los festejos que se realizan para recibir a nuestros seres queridos que murieron.
Hacer los altares es una tradición mexicana en donde se refleja la alegría y el colorido de nuestro cultura y la simbología de nuestra relación con la muerte. En ellos se pone la comida preferida de nuestros muertos queridos. Lo importante es que se mantiene nuestra identidad que parte desde la época prehispánica y que es ciento por ciento nuestra no como los festejos externos como el Halloween que consiste en disfrazarse de lo más feo y horripilante, ponerse sangre falsa, dientes que requieren de ortodoncia y pasos y pasos falsos de discapacidad, además algunos disfraces llevan armas como si no fueran suficientes las reales y como si México no viviera una situación de miedo, angustia y temor constante por la impunidad existente.
En tanatología se considera que existe un proceso para aceptar la muerte (doctor Reyes Zubiria). México vive el inicio de la muerte con fuertes emociones, totalmente diferentes a otros lugares del mundo. Aquí existe, además del dolor, espiritualidad y religiosidad aunadas a un dejo de melancolía. México como país es un enfermo terminal, cada instante lo vemos separarse, despedirse y dejar de estar unido a su gente. Actualmente se viven emociones entremezcladas de aceptación, rechazo, miedo, esperanza, impotencia, frustración, coraje dolor y en ocasiones tranquilidad.En los momentos de dolor los mexicanos tienden a unirse, apoyarse y estar presentes. Es el momento de estar juntos, cuidarlo y apoyarlo desde nuestro espacio.
La doctora Kubler-Ross considera que el proceso de duelo consta de cinco etapas que reflejan perfectamente la agonía que nuestro país está viviendo: angustia, ante el miedo de que pase algo (robo, muerte, violación, secuestro a alguno de nuestros seres amados y cercanos, perdiendo poco a poco la esperanza de que México va a mejorar); frustración ante la inseguridad y percepción de que se haga lo que se haga nuestro país es un enfermo terminal y que la paz está lejana a nosotros; culpabilidad, cuánto duele esta emoción porque sabemos que cada uno de nosotros ha ensuciado, infringido normas, faltado, engañado, mentido, contaminado y dejado de actuar como persona con valores abandonando en manos de otros a México; depresión, cuánto dolor causa vivir en el miedo, temor, sin justicia, sin disfrutar plenamente de la belleza de nuestro país que vive en la incertidumbre de si va a curarse o morir, se vive una depresión ansiosa, cuando se quiere seguir creyendo en un posible alivio y recuperación pero a la vez se percibe lo difícil que es ello.
De momento llega la aceptación, que es lograr concientizar que se puede vivir en armonía, que nuestro enfermo puede sanar si se recuperan y ejercen los valores, si se es justo con él y si el objetivo de todos es dar a todos lo que les corresponde, que se pude lograr el objetivo de toda sociedad sana de vivir en paz y armonía, donde el respeto, la justicia, dignidad y tranquilidad sean lo común.

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