CAFÉ LA FLOR

Por Rafael Campos

Xalapa es la ciudad de las flores y no podía faltar en ella un café en plena floración. Es así como nos acercamos a la historia del célebre Café La Flor que hoy en día, polinizado nuevamente por el cariño y la historia familiar, resurge con renovado brío y arte en la capital de Veracruz.
A partir de la oportunidad que tuvimos de tomar un buen café y charlar con don Salvador Riaño, propietario de la marca, con su esposa Tere Ortiz y su hija María Paulina, pudimos saber mucho de lo que hay detrás de esta historia y de lo que viene por delante de este aromático relevo generacional, así como un poco de todo lo que sucedió para que Café La Flor nuevamente adornara nuestra vista y perfumara nuestro paladar.
Café La Flor es un sobreviviente de los ires y venires en el precio del grano. Los xalapeños y porteños de antaño recordarán algunos expendios de Café La Flor donde se comenzó, por allá de los años sesenta, a vender el café en pequeñas bolsitas para el consumo casero; esto era una estrategia ante lo castigado de los costos y la poca cultura que había entonces para tomar café puro.
Don Salvador nos relató estas dos historias diametralmente diferentes, la luz y la sombra entre aquellos tiempos donde se sufría para reunir las cuotas de exportación por lo solicitado que era el café y los otros tiempos, no muy lejanos, tal vez hace quince o veinte años, donde la situación era tan compleja que el café no se lo llevaban los cortadores de las fincas ni regalado.
Así, Café La Flor comenzó a seguir el destino de muchas otras marcas que la nostalgia xalapeña recuerda. Sin embargo, ya casi sumergido en el olvido, su heredera María Paulina Riaño Ortiz decidió retomarlo acompañada de tres importantes herramientas: el cariño por el café, la tradición familiar y la preparación profesional dentro del marketing, la comunicación y la publicidad.
Es ahí donde la historia de Café La Flor da un giro muy interesante y nos sorprende actualmente con un espacio que rescata lo mismo la venta en grano, que la conjugación de innovación, diseño y calidad en sus productos.
Atentos a las tendencias, Café La Flor es la mejor opción para combinar el gusto por el arte y los detalles, la predilección por la comida sana o la obsesión por un sabroso postre casero, y ante todo es un lugar que ha logrado un equilibrio entre la historia que lo acompaña y la visión actual de su concepto. No cabe duda de que este lugar es el mejor regalo en medio de un día de rutina o de prisa, una tregua muy bella en la ciudad.
Historias como estas, lo mismo que el café, nos dejan despiertos a nuevas posibilidades para la sobrevivencia y éxito de las marcas y, sobre todo, el buen sabor de boca que existe cuando la creatividad, la fe y el trabajo se conjuntan alrededor de una taza de café.

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