CAFÉ CIEN

En esta ocasión les platicaré acerca de un café que sorprende por muchas razones de calidad y calidez, me refiero al Café Cien. Este es un producto de estricta calidad, pero sobre todo de profunda historia ya que el comensal que llega a Asadero Cien, no importa el tamaño de la taza que consuma, siempre recibirá una familiar.
Lo anterior porque en la taza de Café Cien cabe perfectamente –con todo y barco- el viaje trasatlántico del abuelo materno de Manuel Cienfuegos, don Jesús García, quien llegó a los 19 años al Puerto de Veracruz para laborar arduamente en restaurantes como el Imperial en Los Portales hasta, pasado el tiempo, desposar a doña Estela Márquez y asentarse, por allá de los sesentas, en Las Trancas, para trabajar las fincas de café que, a la postre, junto con su hija María Guillermina García y su yerno José Cienfuegos, harían crecer y prosperar para abonar así a la proverbial calidad del café veracruzano.
Por eso en el Asadero Cien, antes que el olor de la carne se nos impregna el aroma del café, porque para los Cienfuegos García antes que la carne está el espíritu; y el café, como lo dice Manuel Cienfuegos, “es el espíritu del espíritu”.
De tal manera que, a partir de esta gentil entrevista con el señor Cienfuegos, nos enteramos que el magnífico Café Cien va del beneficio al tostador y del tostador a la taza de manera pura, sin mezclas de azúcar ni de desmanche. Esto sucede por medio de un proceso estrictamente ecológico, donde se ahorra gran cantidad de agua y los residuos del beneficiado húmedo se reintegran a la naturaleza en forma de lombricomposta.
Pero eso no es todo, el carácter de cuidado artesanal que tiene este café está reflejado en que proviene de la mano y la experiencia de don José Cienfuegos, quien solo siembra, beneficia y tuesta el grano para el consumo de Asadero Cien; lo cual lo pone en un estatus de café de culto por el significado estimativo que cobra y que a todas luces se disfruta al paladearlo.
Como lo dice nuestro entrevistado, “para hacer un buen café intervienen por lo menos tres elementos: el café como grano, lo cual incluye la siembra; el abonado y el corte; la máquina que lo procesa y la persona que lo prepara”. No obstante, este café cumple al cien con todas las etapas y los procesos.
Café Cien, un café que pasa la prueba no de uno, sino de cien fuegos.

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