ALIMENTACIÓN EN PAREJA

Por Adela Libreros

La alimentación en la vida de pareja juega un papel fundamental. Comprar los alimentos, prepararlos y compartirlos es una rutina del día a día que puede derivar en dos vertientes: una agradable convivencia familiar o un momento realmente estresante.
Cocinar y compartir los alimentos puede ser una gran oportunidad para mejorar la convivencia con la pareja o la familia. Sin embargo, cuando no sabemos manejar las diferencias en los hábitos alimenticios de cada miembro corremos el riesgo de que sea un periodo estresante, precursor de molestias gástricas o indigestión, incluso de obesidad; factores que perjudican nuestra relación, a la par de convertir esta zona en un espacio disfuncional.
Con el ritmo de vida tan ajetreado que llevamos hoy en día, las largas distancias entre el trabajo y la casa, el pesado tránsito vehicular, los horarios laborales y las múltiples actividades que desempeñamos, aprovechar cada minuto de convivencia con la pareja se vuelve una prioridad, de ahí el esfuerzo porque esos momentos sean más productivos, provechosos y de una mejor calidad. Uno de ellos es el que gira entorno a los alimentos.
Según información difundida por la CNN, en el renglón de la alimentación, en muchas familias norteamericanas y mexicanas está demostrado que las restricciones dietéticas y diferencias de gustos entre sus integrantes despiertan una lucha por conquistar el territorio que ocupa la cocina en los hogares.
Un estudio realizado por la Universidad de Newcastle señala que cuando una pareja decide comenzar una vida en común, ambos miembros se adaptan a las modificaciones en sus hábitos alimenticios. La razón es que ambos tratan de complacerse mutuamente durante el periodo inicial de convivencia, procurando acomodar su rutina, sus gustos y el comer alimentos que prefieran para quedar bien con su pareja. Esta experiencia termina siendo perjudicial para alguno de los dos, incluso se torna motivo de desacuerdo, en especial para las mujeres que son quienes suelen ser más proclives a padecer alteraciones en su peso y figura después de un tiempo de vivir en pareja. Las mujeres tienden a ganar peso e incrementan el consumo de alimentos con alto contenido de grasa y azúcar; los hombres, por el contrario, reducen el nivel de grasa y azúcar e incrementan el consumo de vegetales.
Los dos comienzan a ganar peso después de iniciar la convivencia. Los expertos sugieren que puede ser causado por los cambios en las pautas de alimentación y una tendencia a dedicarle menos tiempo al ejercicio. Ante esto, es indispensable que los nuevos hábitos sean tan sanos o más que los que ya se tenían, así como el apoyo mutuo en cuestión de alimentos y actividad física.
Por otra parte, hay que evitar que la cocina y el comedor se conviertan en zona de discusiones donde se ventile todo tipo de problemas familiares. El estrés que provocan a la hora de alimentarnos puede ser causa de indigestión, gastritis y aumento o pérdida de apetito. Si se tiene algún tema delicado por abordar, si hubo algún roce o malentendido, hay que esperar a que termine la hora de los alimentos para externarlo y no convertir este momento en una batalla campal.
En el caso de los niños, es importante hacerlos sentir partícipes de toda la parafernalia en torno a la compra y preparación de alimentos, sobre todo cuando hablamos de niños con gustos muy difíciles. El hecho de permitirles que colaboren en la preparación del menú, en la selección del mismo y hasta en la compra de los insumos, despierta en ellos un mayor interés por la comida.
Cocinar puede ser una experiencia agradable y gratificante para quienes participan y usted puede aprovecharla y fomentarla en su hogar. Estos momentos de convivencia en la cocina los recordaremos toda la vida, sean gratos o ingratos, usted elige.

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